Para alguien como yo que disfruta de leer/escuchar y de hablar/escribir, una buena conversación es algo así como una bendición de Dios y una de las mejores formas de pasar el tiempo con la gente querida. Por la misma regla de tres tener que estar callado en una comida con más gente hablando alrededor es algo así como una tortura china que poco a poco te va abriendo una cavidad en el cerebro aunque desgraciadamente esa tortura es en ocasiones más placentera que intentar hacer lo contrario. Sé que es una situación muy triste pero se da cuando tus contertulios no tienen (ni van a tener) la más mínima intención ni el más mínimo interés en escuchar lo que tú puedas decir. Si la situación es de por si triste lo es todavía más teniendo en cuenta que ocurra en situaciones concretas con gente que se supone cercana y en situaciones familiares, relajadas en las que la inmensa mayoría de la humanidad consigue disfrutar. Yo no. Lo he intentado varias veces pero es imposible así que he decidido ponerme en modo Stand-by en esos casos. Muy lamentable pero puedo atestiguar que es la opción mejor para todo el mundo puesto que mis contertulios ni se enteran y yo vuelvo a casa atormentado pero con mejor salud que antes. Afortunadamente es algo que sólo me ocurre en esas ocasiones con personas concretas porque en el resto de improvisadas tertulias (la inmensa mayoría) soy un elemento muy activo lo cual me tranquiliza.
La semana pasada me tocó asistir a otra de esas tertulias monologuistas que tanto aprecio y que trataba sobre el original tema de moda: la retirada de tropas de Kosovo. No quiero ponerme medallas ni practicar el autobombo (¡Dios me libre!) pero sobre el tema de Yugoslavia (y Kosovo era Yugoslavia) no he conseguido encontrar en los últimos diez años mucha gente con la que hablar y menos todavía que además pudiera enseñarme muchas cosas. No es falsa modestia sino el resultado de muchas horas de empeño. Desde principios de los 90 cuando comenzaron las hostilidades en la Krajina (entonces población de mayoría serbia en suelo croata) me empecé a interesar (no sé la razón) por todo ese enjambre de los Balcanes que después se convertiría en un infierno. He seguido la actualidad, he leído docenas de libros que están en mi casa a la vista de todos, blogs, webs, he viajado a la zona… Es algo público y notorio que no escondo y que la gente cercana a mi lo sabe con creces (porque puedo llegar a ser muy pesado) aunque por lo visto no siempre es suficiente. En este mismo blog hay varios post que hablan sobre mis opiniones al respecto y en especial el referido a la bandera de Kosovo me parece un resumen suficientemente digno como para atestiguar un mínimo conocimiento sobre lo que se está hablando, especialmente frente a gente que nunca se ha interesado demasiado por el asunto. Bien, pues a pesar de todo ello mis labios estuvieron sellados durante toda la función en la que ni tuve la ocasión de aportar nada ni nadie lo echó de menos. El único momento en el que parecí existir para los auto-elegidos miembros del improvisado Sanedrín fue cuando fui gratuitamente adoctrinado y cultivado (como alguien de mi condición merece) siendo convenientemente informado del “sorprendente y repentino” descubrimiento de que el actual presidente de Kosovo fue en tiempos activista de un grupo terrorista (del UÇK más concretamente hubiese aclarado yo mismo de haber servido para algo). ¿De verdad? ¿En serio? ¿Cómo puede ser? Eran las respuestas que el irónico ser maligno que llevo dentro me incitaba a decir pero como ese ser maligno no soy yo no lo hice.
Y a todo esto, ¿qué me parecía a mí todo este galimatías de la retirada de las tropas?
Debo aclarar antes de decir nada que por definición soy muy poco amigo de esas mal llamadas misiones de paz que los países ricos y poderosos tienen a bien realizar selectivamente por el mundo. No entiendo porque en Kosovo, Afganistan e Irak si pero en Ruanda, Congo o Colombia no. La misión de paz de la OTAN en Kosovo llegó después de que la misma OTAN se dedicase a bombardear “pacíficamente” toda la república de Serbia (no Kosovo) para retraer a los “genocidas” serbios (para los bien alimentados miembros de la OTAN dos conceptos sinónimos) de emprender sus presuntas acciones de limpieza étnica en la provincia entonces serbia contra la “indefensa” población albanesa. La siempre miope y crédula opinión pública occidental ya podía conocer entonces las hazañas del ejército de liberación de Kosovo (el famoso UÇK, un grupo terrorista que así estaba calificado por entonces en la mayoría de países occidentales e incluido en la lista de la CIA) contra la verdadera minoría de la provincia balcánica ahora y entonces, la serbia, pero nadie se planteó entonces si se estaba cometiendo una injusticia de consecuencias imprevisibles (tampoco se planteó en España, ni en las filas del PP ni del PSOE ni de nadie). Tampoco se dio mucha publicidad al significativo hecho de que la misión de paz de la OTAN a lo que se ha dedicado fundamentalmente desde que pusieron un pie en aquellas tierras que los serbios consideran el corazón de su historia (por si alguien no lo sabía) ha sido a defender precisamente a los pocos serbios que quedaban (principalmente personal religioso) y a los monumentos ortodoxos que llevan allí desde la edad media, de las manos de los “pacíficos” albanokosovares que se han dedicado a asesinar a los unos y a quemar a los otros siempre que han tenido ocasión. En definitiva la guerra de Kosovo la ganó el débil gracias a la ayuda de la OTAN que a lo que se ha dedicado desde entonces es a defender al fuerte. Absurdo.
Yo no es que no esté de acuerdo en retirar las tropas de allí, es que creo que nunca deberían haber ido. Para mí sólo tendría sentido cualquier injerencia militar extranjera si se hubiese adoptado una solución política impuesta desde fuera pero sin vencedores ni vencidos. Lo lógico hubiese sido mantener la provincia dentro de la república serbia garantizando toda la autonomía posible y todos los derechos para la población albanesa. En ese contexto si que creo que hubiese tenido sentido unas tropas extranjeras que a modo de policía neutral garantizase los acuerdos del pacto. De ninguna manera bajo una solución política que da la razón a los albaneses de Kosovo (sin tenerla) justificando por tanto su particular limpieza étnica de la zona.
Parece sin embargo que, sin entrar en las formas, toda la opinión pública española (o todos los creadores de opinión que para el caso es lo mismo) están de acuerdo en retirar las tropas por la simple razón de que al parecer España no reconoce el estado de Kosovo. Bien, sólo me gustaría apuntar un dato: eso es precisamente lo que quiere el gobierno de Kosovo (ese formado por exterroristas como alguien cree que me enseñó el otro día), el que se retiren todas las fuerzas “extranjeras”. ¿No es paradójico que el ahora legítimo gobierno de Kosovo ya no quiera ayuda extranjera ni heroicas fuerzas liberadoras que les defienda de la “terrible amenaza” serbia?
Aun así lo que a mí me parece de verdad todo esto de la polémica respecto a la retirada de tropas es que se trata simplemente de otra (la enésima) maniobra de distracción para unas ovejas acostumbradas a pastar sin tener que desplazarse. ¿De verdad tiene sentido gastar horas, esfuerzos, recursos, cámara alta, cámara baja, papel y saliva para hablar de lo correcto o incorrecto de unas “formas” (porque aunque deberían nadie se plantea el fondo) mientras el paro aumenta de forma exponencial, las perspectivas de futuro encojen y el país se desangra?
Panem et circenses
Panem et circenses
25 de marzo de 2009
Desequilibrado desequilibrio
11 de marzo de 2009
Ayer estaba escuchando distraído una de esas típicas y “ecuánimes” tertulias nocturnas formada por una pléyade de petulantes ideólogos que mientras hablan de la terrible crisis, como no, nos adoctrina al pobre vulgo sobre lo que tenemos y no tenemos que hacer, cuando entendí algo que me hizo prestar atención. Durante muchos minutos estuvieron soltando soflamas catastrofistas sobre el resultado de la galopante crisis y lo remoto que había que remontarse para buscar algún equivalente en la historia, lo cual es algo que lejos de asustarme he aprendido a ignorar a fuerza de escucharlo y debido a la poca credibilidad que para el que escribe tiene el sobrevalorado gremio contemporáneo de las ciencias de la comunicación, pero sin embargo no pude abstraerme de la soflama de un venerable anciano que estaba allí sentado en calidad de “listus máximum” mientras el resto de ilustres contertulios asentía con la cabeza. Intentando bucear entre su florido discurso la lectura que se entresacaba era la de que esta crisis, en realidad, era el resultado de una mala valoración de la riqueza. Es decir, según se desprende de la inteligencia que este buen hombre conserva bajo sus canas, resultaba que la ciudadanía tenemos más dinero del que nos corresponde y todos deberíamos ser más pobres para equipararnos a la realidad. Como “irrelevante” matiz, siguiendo la línea de lo que subrepticiamente se escucha estos días, la solución pasaba por un periodo de cinturón prieto, congelación y/o reducción de salarios y aumento “solidario” de la capacidad de trabajo, es decir tolerar lo que en los tiempos en los que el mismo señor iba a la universidad se llamaba explotación laboral. El tipo se quedó tan ancho y supongo que dando ejemplo volvería en taxi a su urbanización con vigilancia privada desabrochándose el cinturón después de una opípara cena.
Nadie replicó. Había representantes de todos los periódicos madrileños pero nadie se preocupó de matizar, reprobar, comentar o poner en duda una teoría que dejaba en tan mal lugar a los millones y millones de trabajadores de este país. El anarquista asocial que llevo dentro entendía que esto no era más que otro mensaje mentiroso desde la patronal (y sus compinches disfrazados de oposición) para justificar lo que van a hacer en los próximos meses pero el chico educado al que han enseñado a escuchar respetando al contrario y asumiendo la posibilidad de que esté en lo cierto se puso a pensar sobre dicha afirmación. Asumiendo que lo que dice es verdad, que existe un desequilibrio entre la riqueza real y la aparente, tenemos que asumir que ese desequilibrio ocurrió alguna vez por alguna razón y que está localizado. Veamos los datos.
Desde 1999 a 2006 los beneficios de las empresas incluidas en el IBEX35 aumentaron en un 73%. En ese mismo periodo la aportación al PIB de las rentas salariales descendió un 3%.
Vaya. 73% de aumento en siete años es mucho pero resulta que el dinero no ha caído precisamente en las manos de los asalariados que pedalean todas las mañanas para conseguirlo. Parece que mientras los beneficios de las empresas más importantes de este país crecían un 73% en siete años (que se dice pronto) los sueldos de los trabajadores de esas mismas empresas a duras penas evolucionaban parejos al IPC (puedo dar fe de que en muchos casos lo hacían incluso por debajo). Es decir mientras las empresas eran un 73% más ricas sus asalariados eran un 3% más pobres. Supongo que este dato, público para cualquiera, no debía ser conocido por el venerable señor de las canas al pedirnos un “necesario” esfuercito. El desequilibrio es obvio y está localizado pero si los grises asalariados de las mejores empresas del país ya sufrían la política de contención de sueldos desde hace 7 años y además en momentos de gran bonanza, ¿dónde se han ido todos esos beneficios? ¿Dónde están? ¿Quién tiene todo ese dinero que desequilibra la balanza?
En 2006 había 6 millones de trabajadores con rentas brutas por debajo de los 18000€ y unos 4 millones de trabajadores cuya media salarial era de 22000€. El sueldo medio de un consejero se estima que es de 540000€ anuales, es decir hacen falta echar a más de 30 trabajadores de entre los 6 millones que cobran por debajo de 18000€ para pagar el sueldo de un consejero medio. En la siguiente tablita aparecen los sueldos de los directores de las principales empresas de este país donde no se incluyen gratificaciones, ni aporte a fondos de pensiones, ni bonificaciones, ni retribuciones en especie. No hace falta hacer la cuenta para entender que las comparaciones sobrepasan el calificativo de pornográfico.
Nadie replicó. Había representantes de todos los periódicos madrileños pero nadie se preocupó de matizar, reprobar, comentar o poner en duda una teoría que dejaba en tan mal lugar a los millones y millones de trabajadores de este país. El anarquista asocial que llevo dentro entendía que esto no era más que otro mensaje mentiroso desde la patronal (y sus compinches disfrazados de oposición) para justificar lo que van a hacer en los próximos meses pero el chico educado al que han enseñado a escuchar respetando al contrario y asumiendo la posibilidad de que esté en lo cierto se puso a pensar sobre dicha afirmación. Asumiendo que lo que dice es verdad, que existe un desequilibrio entre la riqueza real y la aparente, tenemos que asumir que ese desequilibrio ocurrió alguna vez por alguna razón y que está localizado. Veamos los datos.
Desde 1999 a 2006 los beneficios de las empresas incluidas en el IBEX35 aumentaron en un 73%. En ese mismo periodo la aportación al PIB de las rentas salariales descendió un 3%.
Vaya. 73% de aumento en siete años es mucho pero resulta que el dinero no ha caído precisamente en las manos de los asalariados que pedalean todas las mañanas para conseguirlo. Parece que mientras los beneficios de las empresas más importantes de este país crecían un 73% en siete años (que se dice pronto) los sueldos de los trabajadores de esas mismas empresas a duras penas evolucionaban parejos al IPC (puedo dar fe de que en muchos casos lo hacían incluso por debajo). Es decir mientras las empresas eran un 73% más ricas sus asalariados eran un 3% más pobres. Supongo que este dato, público para cualquiera, no debía ser conocido por el venerable señor de las canas al pedirnos un “necesario” esfuercito. El desequilibrio es obvio y está localizado pero si los grises asalariados de las mejores empresas del país ya sufrían la política de contención de sueldos desde hace 7 años y además en momentos de gran bonanza, ¿dónde se han ido todos esos beneficios? ¿Dónde están? ¿Quién tiene todo ese dinero que desequilibra la balanza?
En 2006 había 6 millones de trabajadores con rentas brutas por debajo de los 18000€ y unos 4 millones de trabajadores cuya media salarial era de 22000€. El sueldo medio de un consejero se estima que es de 540000€ anuales, es decir hacen falta echar a más de 30 trabajadores de entre los 6 millones que cobran por debajo de 18000€ para pagar el sueldo de un consejero medio. En la siguiente tablita aparecen los sueldos de los directores de las principales empresas de este país donde no se incluyen gratificaciones, ni aporte a fondos de pensiones, ni bonificaciones, ni retribuciones en especie. No hace falta hacer la cuenta para entender que las comparaciones sobrepasan el calificativo de pornográfico.
Parece evidente donde se plasmó el desequilibrio y donde ha quedado almacenado. Parece evidente también por donde habría que empezar a contener, reducir e igualar. ¿Qué se juegan a que ocurre todo lo contrario? Me temo que el señor de las canas sabía algo que yo desconozco.
Por
milno brion
en
17:58
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Etiquetas:
Política
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