Por circunstancias que no vienen al caso me encontraba hace unos días sentado en el AVE camino a Sevilla y tenía los cascos puestos cuando anunciaron la inminente película que echarían para amenizar el trayecto. Reconozco que normalmente no suelo prestar mucha atención a estas cosas porque lo más habitual es que esté leyendo, escuchando música, hablando con alguien o simplemente porque la película que echan no me interesa. Esta vez parecía encontrarme en el mismo caso cuando escuché el título: Music & Lyrics (“tú la letra y yo la música”), es decir la última peripecia cinematográfica del simpático Hugh Grant. Puff!, el prejuicioso snob que llevo dentro bajó los ojos inmediatamente en dirección al denso libro que sostenía entre mis manos pero muy pocos segundos después volví a alzar la vista instintivamente. La razón fue unos curiosos acordes de claro tufo “ochentas” que me hicieron sentir curiosidad por descubrir lo que estaba sonando. El principio de la película es un video-clip protagonizado por el propio Hugh Grant y que es una parodia a los grupos new romantic de los 80 que sinceramente no tiene desperdicio. De hecho personalmente considero que es lo mejor de la película. Es de las cosas más graciosas que he visto últimamente y recomiendo encarecidamente su visualización.
El caso es que el susodicho video-clip me enganchó a la trama y reconozco que me tragué la película enterita. Se trata de una comedia acaramelada donde Hugh Grant vuelve a interpretar el mismo papel de siempre, papel que hay que reconocer que tiene muy depurado, aunque creo que entrar a valorar la calidad de la película no es motivo de este foro. Lo que si quería era comentar un par de cosas.
Una es el trato tan respetuoso que hacen los anglosajones de la creación musical en una producción de claro tinte comercial destinado a un público masivo, en general poco interesado por estos matices, donde a priori no parece hacer falta algo así teniendo en cuenta que detrás de lo almibarado y superficial del guión se esconde una irónica crítica al mundo de la música comercial. Sin embargo, las referencias que aparecen respecto a lo que supone escribir una canción, el trabajo que hay detrás, buscar una melodía que nos sabes de donde viene, pensar sobre lo que quieres decir, valorar la letra dentro de una canción al nivel de la música, construcción de sencillas maquetas caseras con protools antes de entrar en el estudio, las diferentes formas en las que puedes construir la misma canción… son respetuosas y fieles más o menos a la realidad dentro de lo que cabe. Las comparaciones son odiosas y casi prefiero no imaginarme lo que haríamos aquí para algo parecido.
Otra cosa es lo curioso que es esto del mundo de la música. La trama gira en torno a una canción que tiene que escribir el tal Hugh Grant, un músico de éxito con la canción del video décadas atrás y que ahora, en horas bajas, se le presenta una oportunidad si es capaz de componer un nuevo éxito. La nueva canción de marras (“way back into love”) se repite tantas veces y de tantas formas diferentes que al final es inevitable que se te quede pegada en la cabeza aunque esto no debe ser una excusa para que servidor salga orgulloso del armario y admita que la canción le gustó y le gusta. Está sorprendentemente interpretada por los propios actores (nada mal, por cierto), es blanda, melosa, pastelosa,… y demás adjetivos del mismo calibre que merecidamente se quieran colocar, pero reconozco que a mi esas cosas en general me gustan y que igual que busqué en youtube el video-clip del principio busque también los acordes y la letra de la susodicha canción.
Mi sorpresa y motivo de reflexión sobre lo curioso que es este mundo fue cuando descubrí quien era el autor. Se trata de un tal Adam Schlesinger, es decir uno de los tipos que dentro de un par de días aparecerán en la Joy Slava bajo la exquisita bandera de Fountains of Wayne, FOW para los amigos. Todo encaja como un puzzle sideral.
¿VOLVER A EMPEZAR?
8 de enero de 2008
Alrededor de estas fechas suelo tener la costumbre de echar un vistazo a las listas de lo mejor del año en las revistas inglesas más alejadas de la indie-prensa del corazón. Digo de antemano que en general no coincido con esas listas (y mucho menos este año), lo cual es algo que me parece lo más natural del mundo porque la música afortunadamente es un tema de gustos, pero lo utilizo como herramienta para intentar descubrir grupos que no conozco y que me puedan parecer interesantes. También me sirve para ver que es lo que se cuece en esas cabecitas que deciden lo que es cool y lo que no lo es. Debo reconocer que este año la decepción ha sido grande. Salvando los trabajos de viejas luminarias consagradas, las listas están saturadas de nuevos grupos con unos denominadores comunes que francamente me asustan. La mayoría profesan una salvaje y exagerada intensidad, escondida generalmente en desarrollos espesos, densos y muy muy largos. Ya no son grupos o solistas de tipos de la calle con inquietudes, sino colectivos dirigidos por inaccesibles luminarias frikis que dominan 39 instrumentos y las artes de la producción/edición/grabación con la misma destreza. Todo ello vestido de aparente instrumentación pomposa, técnicas de producción y grabación de vanguardia, estética misteriosa, capacidad de sufrimiento ilimitada y mucha, mucha, mucha intelectualidad. Como en botica, hay de todo y el abanico va desde auténticos tostones soporíferos hasta propuestas que me parecen interesantes (siempre desde mi modesta opinión, claro está). Reconozco que he intentado acercarme y entender con mayor profundidad algunas de ellas pero reconozco también que me demandan un esfuerzo en tiempo, comprensión y análisis por mi parte que no siempre tengo y que más de una vez me hace desistir en el camino de seguir intentándolo. Probablemente me esté perdiendo lo mejor pero aunque hay alguna cosa que me guste no he encontrado nada que llegue a emocionarme o que pase a engrosar ese puñado menguante, pero irónicamente cada vez más nutrido, de discos que me gustan de verdad. La semana pasada por casualidad leí una crítica en Rock de Luxe de un grupo ajeno a esta corriente y cuyo nombre no viene al caso porque lo que realmente me llamó la atención fue lo que se decía allí. Como es ya desgraciadamente normal en esta publicación de vocación talibán la crítica era demoledora en su negatividad (o quería serlo) y fundaba su tesis en la “simpleza” de la propuesta y en que su “pop sin intensidad” estaba “muy alejado de los cánones que marca la tendencia actual en el pop”. Reconozco que la generalmente previsible opinión de algunos de los escribanos de tan peculiar publicación me resulta generalmente tan prescindible como probablemente resulte mi propia opinión para ellos pero por suerte o por desgracia lo suyo es más significativo de por donde van los tiros ya que al fin y al cabo el autor de la crónica escribe en una publicación de tirada nacional y yo no. Recurriendo a la historia de la música (a veces es sano mirar atrás) esto me recuerda a lo que ocurrió en los años 70. El pop en estado puro creado por chicos de barrio, que como una bomba atómica se había definido plenamente y hecho mayor en los años 60, se convirtió en lo musical en un monstruo bastante inaccesible, difícil de ejecutar, difícil de controlar y más difícil de digerir unas década después. Un monstruo que despreciaba la aparente simpleza de sus padres. La interesantísima época psicodélica se fue de madre y la música se lleno de desarrollos exagerados, megalomanía, grandes puestas en escena, virtuosismo instrumental, densidad sonora, adopción de la vanguardia técnica y grandes dosis de intelectualidad mal entendida. El resultado de aquello hoy es una etiqueta, la del rock sinfónico, francamente difícil de digerir fuera de ese contexto y de esa época. La pelota enferma creció tanto que estalló y lo hizo con violencia con la inevitable llegada del punk/new wave o como se quiera llamar a lo que ocurrió, que no fue otra cosa que el intento de abandonar el camino y volver a la aparente simpleza de los orígenes. Mi pregunta es ¿Volverá a ocurrir algo parecido? ¿Volveremos a empezar otra vez? ¿Llegará un nuevo punk/new wave en días venideros que afecte a músicos y cabecitas pensantes? Con punk/new wave no me estoy refiriendo a una banda de niños de papa que se empapan de drogas caras, se ponen los pelos de punta y una corbata de cuero y se pongan a imitar (mal) a los Clash sino algo que de forma conceptual cambie, otra vez, la forma de entender la música.
TOP 10 de 2007
5 de enero de 2008
Mis discos favoritos del 2007
Lo cierto es que no me ha parecido un gran año en lo que respecta a lo musical... me parece que me voy a poner a escribir sobre esto...
1 THE CLIENTELE God save the Clientele
2 APPLES IN STEREO New magnetic wonder
3 WILCO Sky blue Sky
4 THE POLYPHONIC SPREE The Polyphonic Army
5 FOUNTAINS OF WAYNE Traffic & Weather
6 BEIRUT The flying cup club
7 THE PEARLFISHERS Up with the larks
8 PRIMARY 5 Go!
9 SONDRE LERCHE Phantom Punch
10 SPOON Ga ga ga ga
Lo cierto es que no me ha parecido un gran año en lo que respecta a lo musical... me parece que me voy a poner a escribir sobre esto...
1 THE CLIENTELE God save the Clientele
2 APPLES IN STEREO New magnetic wonder
3 WILCO Sky blue Sky
4 THE POLYPHONIC SPREE The Polyphonic Army
5 FOUNTAINS OF WAYNE Traffic & Weather
6 BEIRUT The flying cup club
7 THE PEARLFISHERS Up with the larks
8 PRIMARY 5 Go!
9 SONDRE LERCHE Phantom Punch
10 SPOON Ga ga ga ga
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