Ejercicio de filosofía (o como entender el final de LOST)

26 de mayo de 2010

Un profesor de filosofía bastante extraño que me dio clase hace tiempo nos preguntó una vez en un examen que desarrollásemos una teoría que explicase para que servía una cuchara, un zapato y una antena de televisión. Nos dijo que sólo existía una solución. De 30 que éramos en clase presentamos 30 modelos diferentes algunas de ellos verdaderamente elaborados e interesantes que iban desde aspectos culinarios o motivos de espionaje a ejercicios de bricolaje pasando por sesudas interpretaciones pseudocientíficas y espirituales. Al terminar nos dio la solución: la cuchara sirve para comer sopa, el zapato para calzarse y la antena de televisión para sintonizar una señal. Enfadados y confundidos no entendimos el ejercicio y los alumnos nos debatíamos entre la indignación y los que pensaban que había algo más de fondo. Para despejar las dudas de los últimos dijo que no había nada más, que era un ejercicio que hacía todos los años y que lo preparaba con un juego de fichas de su niña pequeña cogiendo tres objetos al azar que en realidad daban igual porque siempre salían 30 historias diferentes y ninguna era buena. El profesor nos dijo que básicamente era una tomadura de pelo para demostrarnos al ser humano como condicionados a creer en algo podemos creer activamente lo que sea. Incluso con aquella franca declaración del profesor todavía quedó gente convencida de que la broma era en realidad un ejercicio retorcido para inteligentes y de que la solución buena era la suya propia.

Mi profesor podría haber sido perfectamente uno de los guionistas de Lost.

El atribulado visionado de ese infinito tour-de-force desesperado que ha sido el último capítulo del serial televisivo ha venido a confirmar lo que servidor sospechaba a mediados de la cuarta temporada de la serie, la certeza de que se trata probablemente del mayor fraude o tomadura de pelo de la historia de la televisión. No es una opinión, es un hecho demostrable con fórmulas matemáticas. Eso sí, aunque igualmente es demostrable sin incertidumbre que la tierra es redonda todavía existe un grupo de personas que creen que eso es un bulo maquiavélico, que están convencidos de que vimos en un planeta plano (ver aquí) y que jamás cambiarán de opinión. Que se lo digan a mi profesor de filosofía. En este caso ocurre lo mismo. Lo cortés no quita lo valiente. La fe mueve montañas pero lo malo es que no siempre las mueve al sitio correcto.

He gastado demasiado tiempo en mi vida con el visionado apasionado de este lamentable engrudo como para seguir ahora divagando sobre algo que no tiene ningún sentido ni conexión pero haré un último esfuerzo a modo de epílogo. El truco final de la serie ha resultado ser, y así lo han confirmado sus creadores, que al parecer Lost no era una historia de misterio, ciencia ficción, pseudociencia, mitología, enigmas o verdades por descubrir sino que resultaba ser una serie de personajes en la que lo importante eran estos y donde todo lo demás no era más que el “atrezzo sin importancia” de lo esencial. Los miles de guiños y referencias al mundo friki y la ciencia ficción esparcidos por toda la temporada han resultado ser mentira y el único guiño verdadero era el del propio título: Perdidos, haciendo alusión al estado intelectual en el que se encontraban los creadores de la serie.

¿Me quieren decir estos iluminados que cuando entraban en la escotilla al final de la primera temporada y todos nos quedamos contando los días para que comenzase la siguiente lo hicimos porque queríamos ver como Sawyer pasaba de ser un chulito malo a ser un chulito bueno (y muerto)? ¿Alguien hubiese visto la segunda temporada si en la primera en lugar de ver osos polares, escotillas, humo negro, voces, aparaciones,… lo único que se encuentran en la isla fuesen libros de Corin Tellado que les ayude a entenderse a sí mismos? ¿Cuándo la gente abría dominios en internet con la secuencia de números misteriosos en realidad tendrían que haber registrado la web www.megustacomollorajack.com? ¿Alguien hubiese visto la tercera temporada si en lugar de haber escotilla y explotar hubiesen encontrado un precioso prado en el que sentarse a debatir sobre la fugacidad de la vida? ¿Resulta ahora que los que llevábamos orgullos la camiseta de la Dharma Iniciative teníamos tanta conexión con Lost como los que llevaban la de la última gira de Michael Bolton? Hay que tener mucha fe para tragarse semejante estupidez.

¿Personajes? ¿Qué personajes? ¿Qué misterio tiene Jack fuera del “Atrezzo sin importancia” de Lost? No parece mucho más interesante que Emilio Aragón en Médico de Familia. De hecho lo es bastante menos. Un médico frustrado, no se sabe bien por qué, que se tira seis años sin cambiar de cara. Fascinante, pero no menos fascinante que Hugo Reyes, un tipo inmenso incapaz de adelgazar un gramo a pesar de estar todo el día corriendo y comiendo raíces, más soso que un debate del Senado y que acaba siendo el rey de la isla (aunque esto como todo lo demás no tiene ninguna importancia) como ese concursante mediocre de Gran Hermano que te das cuenta de que está en la casa cuando sólo quedan tres. ¿Qué piensa Hugo? ¿Qué siente? ¿Qué pretende de la vida? Es como si en Verano Azul Quique, ese muchacho que estaba siempre en la pandilla pero que nunca decía ni hacía nada, acabase dejando embarazada a Bea poco antes de que se muera Chanquete. Sawyer, el estereotipo de chulito que suelta un chiste cuando lo están sodomizando. Kate, la buenorra que evoluciona desde una ladrona buena (y buenorra) hasta ser una ladrona buena (y buenorra) incluso cuando está en el limbo dispuesta a morirse, con un montón de carreras sin sentido por la jungla y un par de polvos entre medias. Emotiva evolución. El resto sigue la misma línea de profundidad y complejidad más o menos al mismo nivel que el personaje del Fary en Menudo es mi Padre. De hecho estoy siendo injusto con El Fary y los guionistas de esa serie. Los personajes más fascinantes (Ben probablemente y Desmond) se hunden en esa sopa espesa de “Atrezzo sin importancia” hasta convertirse en peleles que no se sabe bien porque siguen vivos.

Basta observar verdaderas series de personajes como Los Soprano o The Wire para ver lo estúpido y hasta blasfemo de la última teoría de Lost. Mañana podría empezar una nueva temporada de The Wire con Mc Nulty siendo ama de casa y la serie seguiría siendo coherente e interesante con el policía fuera de las calles de Baltimore. Cualquier personaje es lo suficientemente interesante como para al espectador le llame la atención su vida independientemente de dónde está. En The Wire si que da igual el departamento de policía o la mafia de los puertos pero curiosamente al final de la serie sabemos perfectamente cómo funcionan ambas cosas. El final abrupto de los Soprano, que también fue criticado, pone pausa a la historia sin cerrarla aparentemente pero todo es coherente y sensato. Te puede gustar o no el final pero la única duda que queda en ese momento es saber si alguna vez matarán al capo de la mafia de New Jersey pero es también en ese momento cuando te das cuenta de que realmente da igual puesto que la serie no era de eso. Tony Soprano podría morir de viejo o tiroteado por la espalda a la salida de un Burdel pero la Serie hubiera seguido siendo la misma. Yo me tragaría una serie con Tony Soprano definitivamente retirado de la mafia y siendo camarero o me hubiese creído un final en el que se lo cargan por las buenas. Coherencia es la clave. ¿Tiene algún interés observar a Claire fuera de la isla? Probablemente ahora no tiene interés ni observarla dentro de ella. Esos son ejemplos de buenas series de personajes que evidentemente no se pueden comparar con los personajes planos y asépticos de Lost. De hecho el “Atrezzo sin importancia” de Lost eran los personajes como bien demuestra el hecho de que sus creadores utilizasen cientos de ellos sin criterio, que entraban y salían con más pena que gloria.

Pero es que ni siquiera el final Deus Ex Machina que se sacan de la chistera tiene coherencia. ¿Qué clase de redención es esa? ¿Por qué están unos y no otros? ¿Shannon está redimida por tener su momento Pasión Turca con el “bueno” de Sayid pero no lo están Mr Eko, o Walt o Ana Lucia? ¿Por qué Aaron está en el limbo de bebé si lo hemos visto corretear vivo? ¿Por qué los demás han envejecido? Es todo tan absurdo como el final de Los Serrano pero sin haber disfrutado con los chascarrillos de El Fiti.

Lo que más duele sin embargo es haber abusado de los aficionados de la ciencia ficción, el comic y el mundo de la subcultura? Esta banda de pijos descreídos que se dicen guionistas ha profanado con marrullería las orgullosas fronteras de un mundo minoritario pero muy denso en pasión y fidelidad (bien sabían donde se metían) pero sin pudor lo han hecho sin pensar en ese público, con el único objetivo de sacar beneficio propio dejando una herida supurante, ejecutando una razzia cruel y hasta provocando una guerra civil. Se me cae el alma a los pies cuando leo a verdaderos gurús del mundo alternativo defendiendo lo indefendible. Por las dudas no estoy hablando precisamente de los supuestos gurús que transforman sus columnas en los diarios “serios” (ya de por si sospechoso) en ejercicios de onanismo barato, autocomplacencia rupestre y intelectualidad ficción sino de gente con algo más de credibilidad.

Cualquier aficionado a la ciencia ficción (y al cine y a la literatura) sabe que aunque “todo valga” las reglas tienen que estar claras aunque sean inventadas o imposibles y que no se pueden modificar a mitad de camino sin que esté perfectamente explicado. Desde Philip K. Dick a Stan Lee. Desde Kripton a Hyperion. Supermán vuela y Spiderman no y para que uno deje de hacerlo y el otro lo haga se necesita una explicación “lógica” dentro de la lógica creada alrededor de los personajes. No vale con que un día se ponga a volar de repente. Después de varias décadas y miles de historias puede ser que ya de igual que Supermán vuele pero lo cierto es que Supermán vuela y que todos sabemos porque lo hace. Por eso y llegados a este punto pediría (y creo que no soy el único) con cojan a todos los supervivientes del Oceanic 815 y los guionistas de lost para mandarlos a un precioso taller de personajes en el desierto de los monegros y que alguien me explique de verdad el “Atrezzo sin importancia”. Eso, o que como el profesor de filosofía reconozcan que todo ha sido una broma para demostrarnos que somos gilipollas.

I don't want to

18 de mayo de 2010

Los afortunados que vivan dentro de los límites administrativos de la Comunidad de Madrid estarán familiarizados ya con ese ejercicio onanista, tan propio de todas las administraciones por otra parte, que trata de dar color y humanidad a la propuesta educativa de ese paladín del liberalismo patrio que se llama Esperanza Aguirre. “Yes We Want” reza la excelsa publicidad con la que se nos restriega a los madrileños el ambicioso proyecto de la señora Aguirre de llenar la Comunidad de Colegios bilingües. Proyecto que en boca de la susodicha, sus palmeros y esa inmensa masa que aparece en las encuestas y que es capaz de poner o quitar presidentes de gobierno de pelaje similar no solo a la susodicha sino también al “enigmático” y lamentable personaje que actualmente dirige los designios de este país.

Cuando servidor era pequeño, y sobre todo en el barrio periférico en el que vivía, ser bilingüe era algo así como una leyenda cuya realidad o no tenía más que ver con un acto de fe que con otra cosa. Algunos no sólo lo creían sino que incluso conocían algún ejemplo de alguien bilingüe que desde luego no paseaba por mi barrio y cuyo logró respondía a dos posibilidades: que tu padre/madre se hubiese sacrificado por la causa años antes y hubiera tenido a bien mantener relaciones sexuales completas y sin protección con alguien nativo en otro idioma (algo difícil de conseguir e imposible de prever) o tener ingentes cantidades de dinero que te diesen la posibilidad de asistir a uno de esos selectos colegios que imparten sus clases en otra cultura con profesores preparados para ello.

Me temo que hoy, por mucho que la señora Aguirre y sus palmeros ladren otra cosa, la situación no ha cambiado mucho aunque para escarnio de chulapas y manolos ahora resulte que en mi barrio hay presuntos colegios bilingües.

Uno, que gracias a Dios y sobre todo a las horas de estudio, se ha labrado un cómodo porvenir que le ha dado la oportunidad de viajar por el mundo, vivir en países donde tuvo que utilizar el inglés y mezclarse con nativos aborígenes sabe ligeramente lo que es esto de tener que hablar inglés. De la misma manera uno que es capaz de leer libros en el idioma de la pérfida Albion y sobrevivir con dignidad en países de la Commonwealth está muy lejos de considerarse bilingüe y mucho más todavía de serlo. Si alguien me lo propusiese y tuviese que ser honesto creo estar preparado para dar clases de temas relacionados con mi profesión pero no creo estarlo realmente para hacerlo en inglés y mucho menos para hacerlo en calidad de profesor bilingüe. Me parecería una insultante tomadura de pelo. Les aseguro sin embargo sin posibilidad de ruborizarme que mis conocimientos teóricos y prácticos sobre la lengua inglesa están muy por encima de los de la inmensa mayoría de profesores supuestamente “bilingües” de nuestros colegios públicos. Créanme.

¿Saben lo que separa a un colegio público bilingüe de otro que no lo es? Simplemente que el claustro de profesores decida o no serlo. Así de simple. Si deciden serlo se les manda a los profesores (muchos de ellos sin ninguna preparación previa en el lenguaje de Shakespeare) a un cursillo de un par de semanas y vuelven hechos unos profesores bilingües en toda regla para regocijo de la señora Aguirre y su estirpe de palmeros.

Así se escribe la historia.

Desgraciadamente me temo que dentro de diez años serán bilingües los mismos que hace otros diez años y me temo también que por la misma vía y por las mismas razones. El resto es alpiste para cerdos.

¡Y qué viva la Pepa!



PD. “Yes We Want” está mal dicho. Un amigo inglés me dijo que sonaba mal. Lo suyo sería decir “Yes We Want to” pero debe ser que los asesores no están lo suficientemente bien pagados.